Fuente: http://www.revistagq.com/articulos/como-reconocer-a-un-espanol-en-el-extranjero/18241
A los españoles siempre nos ha gustado viajar. Históricamente
nos encontramos con significativos ejemplos como Cristobal Colón quién,
por cierto, descubrió América de una forma muy hispánica: perdiéndose.
Las expediciones han sido muchas y variadas, y hasta nos condujeron a un
imperio de 20 millones de kilómetros cuadrados. La afición continúa
siglos después con numerosos desembarcos
como las becas
Erasmus. Con estas últimas se ha ido a estudiar (risas enlatadas) hasta Pepe Gotera y Otilio.
Pero con la separación del
líquido amniótico peninsular el español experimenta ese sentimiento al que tanto cantó Rosalía de Castro descrito como
morriña.
Todo evoca a la tierra, todo se cubre de un halo de melancolía
costumbrista, todo es ingrato comparativamente. Y es por ello que
el español no cambia su conducta por muy exótico o recóndito que sea el país al que se dirige. Cualquier individuo
ibérico que se precie sigue en sus viajes una serie de pautas comunes:
1. El tiempo. Nada
más tomar contacto con el suelo foráneo el español se dirigirá a sus
amigos o pareja exclamando “Qué mierda de tiempo. En España ahora hay 28
grados”. El pérfido
clima
extranjero será motivo de agravio comparativo durante todo el viaje,
aunque la incursión mesetaria se produzca en el desierto del Sáhara
cabalgando con Lawrence de Arabia. También molestará (ver punto 3) la
hora de anochecer o eso conocido como
meridiano de Greenwich por culpa del cual en Londres en invierno anochece a las 15:00 y “así no hay quién aproveche el día”.
2. Horarios. Así como
cualquier centroeuropeo que se precie come entre las 11 y las 13 del
mediodía, el español se presentará en el restaurante a las 15:00
siguiendo atávicas costumbres. Para una
completa españolización añadirá:
“Qué siestecica me echaba yo ahora”.
Los horarios también afectarán al recreo nocturno, ya que en otros
países la hora de cierre de los locales mengua notablemente, y uno no
tiene la cafetería del Congreso a
mano.
En una ponderación demasiado optimista terminé durmiendo en un parque
de Bruselas hace años con una lata de mejillones en conserva. Es
entonces cuando un español de bien recurre a su conducta favorita:
3. Criticar. Todo lo que sea posible. Discotecas, vestuarios, comida, amabilidad,
wifi,
sociabilidad, agua, duchas, almohadas o enchufes. Pero sobre todo y
ante todo: la ausencia de persianas. El invento patrio más estimado
junto a las tapas.
4. El cortadito. Pretérita y casi metafísica es la atracción
del español hacia el bufé o buffet. No importa que estés descompuesto,
si en el albergue hay una botella de zumo de naranja y dos tostadas
tiesas, se comen "porque va incluido en el precio”. Y lo que sobra se
envuelve en una servilleta para la merienda. Pero ante la ausencia de un
buffet, el español se encontrará en graves dificultades a la hora de
pedir un café en un bar extranjero debido al desconocimiento
generalizado del término “cortado”. A lo sumo, conseguirá un café
expreso que ingerirá a regañadientes.
5. Mojar pan. Si hay un individuo mojando pan en una pizza
cuatro estaciones en el centro de Florencia o en una sopa Buta-Jiru en
el centro de Tokio, está claro: es español.
6. Lo gratuito. En el hotel el sujeto peninsular se hará
acopio de cualquier artilugio de baño u oficina: jabón, cepillo de
dientes, champú, gel, kit de costura, gorro de plástico para el pelo,
libretita, sobres, hasta ese limpia-calzado que no volverá a usar ni ver
en su vida. El gusto por lo gratuito también le conducirá a intentar
pasar hasta su carnet del “Club Aviaco” para acceder a un museo o
monumento de pago. La premisa es clara: el carnet universitario hay que
presentarlo aunque te acaben de conceder la jubilación y estés casado
con Alfonso Díez, “por si cuela”. Hablando de colar, la destreza del
español para colarse en cualquier sistema de transporte internacional
forma parte de la marca España.
7. La cola. Hay
cosas que
se nos dan bien como arreglar en el mundo enfrente de una caña y unas
patatas bravas, pero hay otras en las que nos desenvolvemos
sencillamente mal. Una de ellas, quizá la que más, es hacer colas o
filas de espera. La distribución en las mismas será aleatoria, sin
juicio ni orden, y preferiblemente se harán varias sub-colas o filas de
espera paralelas, que desconcertarán al resto de sujetos de otras
nacionalidades.
8. Tabaco de liar. Dos personas sentadas en el
bordillo de una acera de Berlín liándose tabaco de liar serán en un 97%
de las ocasiones peninsulares. Porque en el extranjero el tabaco es muy
caro. (Ver punto 3).
9. Gritar. Si el receptor no entiende lo que dice, se repetirá lo mismo pero gritando muy
fuerte: "Déjame a mí Paco, no ves que no te entiende.
ESQUIUSMI, ¿GÜERE IS OSFORD ESTRIT?".
Mucho antes que Felix Baumgartner, la barrera del sonido la habían roto
un grupo de erasmus españoles cantando "Como una ola" por las calles de
Varsovia.
Tras este artículo, en otra página ampliaron las razones:
http://cronicasgermanicas.com/2013/06/10/top-10-claves-para-reconocer-a-un-espanol-en-el-extranjero/
¿Cómo reconoceríamos a un grupo de personas de tu nacionalidad en el extranjero?